Esta obra es una recopilación de catorce cuentos breves y asimétricos; ninguno es muy largo y algunos, intercalados, son microrrelatos. Las obras anteriores del autor tienen aspectos que traslada a esta última: la capacidad de resumir y la avalancha de sentimientos.
No hay prólogo ni lo necesita. Los títulos de los capítulos unen al escritor y al cuento. Es su perspectiva, la de un médico que ha visto a muchos pacientes oncológicos. Bajo los encabezados se desgranan historias, instantes, quizás experiencias que le permiten adentrarse en las relaciones humanas y, más allá, vislumbrar un futuro incierto, la incógnita final.
Cada lector puede sentirse atraído por uno o varios cuentos. O quizá por todos. Me cautiva “Todo acabará cerrado”, con las cartas entre Anna y Xavi, escritas en una primavera imprecisa, como la actual.
Estas narraciones cortas, cuentos, no dejan indiferente; encontramos un mundo encerrado en pocas líneas. Cada vez que acabamos uno, los ojos se nos cierran y la mente da vueltas.